Señorita Caeiro;
flores sobre su pecho
y abraza un ramo.
Un vaho fresco y dulzón
se suspende en el aire
y moja su cara.
La tienda cerró sus ojos,
la noche corrió sus horas;
...y apura los pasos
en Largo do Carmo.
Acampanado sobre el tanque,
él dormita un sueño de madrugada
y en su ansiedad,
muestra una urgencia de tabaco.
Celeste trueca claveles por cigarros;
el tallo entra en la negra boca del cañón;
y se multiplica en un desperezo
de metal y espera.
Señorita Caeiro;
muchacha de buena familia lisboeta,
cambia sonrisas por cuidados
y va camino a su casa en Plaza del Rossio.
Ella...,que no fuma,
aspira el humo azul del alba del 25
que parece abrir algo nuevo sobre el Tajo.
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